Érase una vez, el reino de
las Hadas, donde habitaban unos reyes que se amaban muchísimo, muchísimo,
muchísimo, los reyes de la magia. Tenían poderes para hacer y deshacer cosas…
pero siempre, a cambio de algo. El rey y la reina, habían hecho un juramento
para no volver a usar más la magia. Pero no les quedo de otra, cuando a base de
intentarlo, no podían tener descendencia. El rey le suplicó a la reina mil y
una vez, para hacer uso de su maravilloso poder para conseguir lo que tanto
tiempo deseaban, tener un hijo.
Paso el tiempo, y la reina
dio a luz a una niña muy hermosa, con su piel tan clara como la nieve, con los
cabellos tan dorados como el sol y con los ojos tan azules como el mar. A las
pocas horas de nacer la princesa, la reina se empezó a sentir mal. El rey temía
por la vida de la reina. A las pocas horas, la reina le dijo a su amado:
-Cuida de nuestra hija, hazla
tan feliz como a mí y no dejes que la magia se apodere de ella.
Poco después, la reina
murió. El rey entro en una profunda depresión, pues era la mujer más
maravillosa a la cual había amado.
Una mañana, un hada tan
linda como las flores, entro en el cuarto del rey. Este estaba dormido. La Hada
entre sueños le dijo:
- La reina no ha
desaparecido de este mundo, su alma sigue viva en el cuerpo de tu hija, cuídala
y vive por ella.
Las palabras del Hada fueron
tan mágicas que el rey se despertó con energía, vitalidad y ganas de cumplir el
sueño que su amada la reina le había dicho en su lecho de muerte.
Pasaron los años, y la
princesita fue creciendo. Con ayuda de sus amigas las hadas, fue descubriendo
que con ciertos gestos las hormigas se transformaban en caballeros andantes, las mariposas en bellas damas, los criados en
ratones y las viejas doncellas en
pajarillos cantando por los alegres jardines del castillo. La joven princesita,
se pasaba los días, jugando, cantando y bailando con sus amigas las hadas,
haciendo uso de la magia.
El rey, que no sabía de la
existencia de los poderes mágicos de la princesita, ordeno organizar en el
reino una fiesta, para festejar y celebrar la mayoría de edad de la princesa.
Llego el día. La princesita
muy nerviosa, se peino su largo pelo tan dorado como el sol, dio un poco de
color a su piel tan clara como la nieve y resalto sus ojos tan azules como el
mar. Se puso el vestido tan brillante como las estrellas que su madre había
usado cuando cumplió su mayoría de edad y bajo por las escaleras. No lo hizo
sola, no, iba acompañada de sus amigas las Hadas. Todos se quedaron
boquiabiertos cuando la vieron aparecer.
La joven princesita, al
sentirse observada por todos, se puso tan colorada y tan nerviosa que su magia
empezó hacer mella entre sus invitados. Sin querer, había convertido a todos
sus asistentes en ocas, patos, ranas y sapos. El rey, inmune a sus poderes, al
ver lo que había ocurrido, prohibió por completo usar la magia en todo el reino
y mando echar a todas las hadas del castillo.
La princesita apenada por lo
que había ocurrido, y muy enfadada y oponiéndose abandonar a sus únicas amigas,
las hadas, cogió el vestido “tan brillante como las estrellas” que llevaba
puesto, y lo guardo en una pequeña maleta. Cogió el abrigo “Toda Clase de
Pieles” que su madre guardaba para resguardarse del frio y se puso en marcha
por el largo bosque que separaba los reinos.
Pasaron los días, las
semanas, incluso los meses… había pasado tanto tiempo, que la princesita había
perdido la noción del tiempo. No estaba sola, sus amigas las hadas la
acompañaban.
Una mañana, cuando cantaban
y bailaban con los pajarillos, las ardillas, y todos los animales que se
encontraban a su paso, oyó cabalgadas. Ella asustada, pensó que eran los
caballeros de su padre que la buscaban, se escondió detrás de un arbusto.
Cuando de repente: ¡Buh! Un caballero apuesto la asusto por la espalda.
- ¿Quién eres? le pregunto
ella muy asustada.
-Soy el príncipe del reino
Quetodolove. Y tú, ¿Qué haces tan sola por el frio bosque? ¿Cómo te llamas?
Ella se quedo callada. Tan
solo lo observaba con el ceño fruncido. Él al ver que la princesita no le
contestaba, dijo:
-Está bien. Te vendrás
conmigo, no permitiré que te quedes sola en el frio bosque ni un día más. Y
como tampoco quieres decirme cuál es tu nombre, te llamare “Toda Clase de
Pieles” por tu abrigo tan… tan… ¡TAN PELUDO!
El príncipe le tomó en su
caballo y le dio aposentos en su reino.
En el castillo se estaba preparando
la fiesta para que el joven caballero,
el príncipe apuesto, encontrase a una joven dama con quien casarse.
Llego el día. Todo estaba
listo. “Toda Clase de Pieles” que se había hecho muy amiga del cocinero, le
pidió permiso para asomarse a ver desde una rendija el baile que se iba a
celebrar entre el joven caballero y todas las princesas de los demás reinos.
“Toda Clase de Pieles” no
desperdicio su oportunidad. Con ayuda de las hadas y un poco de magia, se
enfilo el vestido de su madre “Tan brillante como las estrellas” se recogió su
largo pelo tan dorado como el sol, dio un poco de color a su piel tan clara
como la nieve, resalto sus ojos tan azules como el mar, y coloco un antifaz en
su rostro.
El joven caballero, el
príncipe tan apuesto, de entre todas las damas, la eligió para bailar.
-¿Cuál es tu nombre? Le
pregunto el joven caballero.
“Toda clase de Pieles” le
contesto con una tímida sonrisilla. Le soltó y se perdió entre la muchedumbre.
“Toda Clase de Pieles” apurada, y con un toque de magia, cambio su vestuario a
su humilde abrigo de pieles. Y bajo corriendo a los mandos del cocinero.
Cuando la fiesta había
acabado, el príncipe descansaba en sus aposentos. Como era de costumbre, el
príncipe tomaba un caldo todas las noches antes de irse a dormir. El caldo
estaba preparado y listo para servir. “Toda Clase de Pieles” se ofreció para
servirlo.
Mientras “Toda Clase de
Pieles” servía el puchero, el príncipe tan apuesto le pregunto que quien le había
parecido la más guapa de entre todas las mujeres con las que él había elegido
para bailar. “Toda Clase de Pieles” al escucharlo, le empezó a temblar la mano
y se puso tan nerviosa que sus amigas las hadas tuvieron que intervenir para
que el caldo no fuese derramado.
-Mi señor, la que elijas
será la mejor de todas. Contesto muy tímida “Toda Clase de Pieles”.
Termino de servirle la sopa y entre sonrisas salió de su alcoba.
El joven caballero, que ya
había visto esa sonrisa en alguna parte. Quedo extrañado.
Al día siguiente, al poco de
empezar la continuación de la fiesta para encontrar una joven dama con la que
casarse, “Toda Clase de Pieles” volvió a pedirle a su amigo el cocinero que si
podía ver el baile desde aquella rendijilla. El cocinero, acepto con la
condición de que no se demorase demasiado.
“Toda Clase de Pieles” con
ayuda de las hadas, se puso el vestido de su madre “Tan brillante como las
estrellas” se recogió su largo pelo tan dorado como el sol, dio un poco de
color a su piel tan clara como la nieve, resalto sus ojos tan azules como el
mar, y volvió a colocar un antifaz en su rostro.
Cuando el príncipe la vio
aparecer, no dudo en volverla a coger para bailar con ella y conocerla un poco
más.
Te conozco, lo sé. Tus ojos
hablan por sí solos. Y tu boca… tu boca te delata. Esa sonrisa me es conocida.
¿De qué te puedo conocer?
“Toda Clase de Pieles”
complacida por lo que estaba escuchando y soltando sonrisas que la delataba, la
magia efectuaba su castigo por hacer uso de ella. La joven princesita tan
hermosa se transformaba en “Toda Clase de Pieles”. Asustada, volvió a salir
corriendo por la puerta del castillo como cuando lo hizo de su casa.
El príncipe al fin, pudo
saber de que conocía esa sonrisa que le hacía tan peculiar, y que a la vez, le
había robado el corazón sin darse cuenta. Sin pensárselo dos veces, salió tras
ella. La cogió de su mano y le declaró su amor delante de todos los invitados.
Ella le confesó su secreto tan guardado, pues era la princesa del reino de las
Hadas.
El príncipe y “Toda Clase de
Pieles”, entre sonrisas y alegrías, se contaban sus vidas. No había secreto
alguno entre ellos. Y proclamaron su amor a los cuatro vientos.
Pocos días después, “Toda clase de Pieles” y el joven caballero
se casarón, fueren felices y comieron perdices.
En el reino no se volvió a usar la
magia para fines propios.
Este cuento está adaptado
para niños de 7-8 años, ya que lo que he intentado hacer con esta adaptación,
es darle un toque mágico que despierte el interés por la literatura folclórica
y por escuchar cuentos contados desde otra persona. Además de incluir en el
cuento, animales y seres fantásticos,
como las hadas, ya que hoy en día, lo que más llama la atención en los niños es
la magia, la fantasía, los superpoderes... entre otras, que les lleva a la
diversión y al entretenimiento, pues es un placer el seguir leyendo para que
ellos disfruten oyendo.
Las adaptaciones que ha
sufrido el cuento original han sido muchas y en gran mayoría las más
llamativas, las que más sensación emocional causan, ya que el público al que
van dirigidas es de corta edad (6-7 años).
Desde el inicio del cuento
se identifica claramente una modificación, pues nombro al reino, “el reino de las Hadas” para dar un
punto de origen al cuento, para saber donde se encuentran, para que desde el
primer momento en el que se cuenta el cuento, se metan dentro de él y se
imaginen el mundo que se les está contando.
Otro gran cambio, es la
muerte de la reina, pues al ser una muerte tan drástica y quizás violenta para
niños de 6 y 7 años, he introducido el tema de la magia, los superpoderes, la
fantasía… para crear un ambiente más vulnerable.
He decidido meter las comparaciones en el rostro de la princesa
para dar otro tipo de comparación, es decir, el cuento nos muestra
comparaciones en los vestidos, yo he decidido crear esas comparaciones en el
rostro de la princesa para dar más vida a ésta, para que puedan poner un rostro
significativo a la princesa.
También he querido darle un
toque de alegría y vida al cuento con las nuevas introducciones de los
animales, con las transformaciones que surgen de la magia, con las hadas como
amigas de la princesa… y he suprimido la forma de marcharse de la princesa por
otra que, conforme las circunstancias que se dan, me parece más acorde con el
toque mágico que yo le he querido dar.
Otra modificación que ha
sufrido el cuento, es la elección de solo un vestido (tan brillante como las
estrellas), porque al ver otros elementos comparativos como “su largo pelo tan dorado como el sol, dio
un poco de color a su piel tan clara como la nieve y resalto sus ojos tan
azules como el mar” no he querido introducir otro elemento comparativo mas.
En el final, hay muy pocos elementos
cambiados, pues tiene mucha semejanza con el original, pues para seguir en la
línea de lo mágico, y en acorde con todos los elementos enlazantes que he
introducido en la adaptación, para que concuerde una cosa con otra, decidí encandilar
al príncipe entre sonrisas. Algo tan natural y tan espontaneo que da lugar a
que pueda ocurrir en la vida real.
Y ahora que sabes el porqué
de todas mis adaptaciones, vuélvelo a leer para que dentro de él usted estés. J
Perfecto.
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